martes, 16 de julio de 2013

“ Breve relato hacia la inclusión”

                                                 “ Breve relato hacia la inclusión”

Mi  hermano nunca fue a un colegio de primaria . Mi madre se negó a repetir la amarga experiencia de su vecina a la que negaron la escolarización de su hijo con síndrome de Down cuando fue a “apuntarlo”  al colegio. Mi madre fue valiente  proporcionando las mismas experiencias a todos sus hijos en una época en la que las familias se avergonzaban y ocultaban a los niños  con algún tipo de discapacidad. Detrás de aquellos comportamientos se hallaban mezcladas la ignorancia  y la ausencia de integración.

Algunos años después surgieron los colegios de EE, las aulas de EE en colegios de primaria (antigua EGB) y las AAI. Hemos avanzado mucho, pero en mi trayectoria profesional he encontrado experiencias que “chirrían” bajo la lupa de la integración. Trabajé en un colegio en el que los alumnos  con problemas motóricos no podían integrarse con sus compañeros  porque  su clase se ubicaba en la planta alta y no disponíamos de ascensor. Para la comunidad educativa no existía trato discriminatorio, ni interrogantes sobre el mismo. Podría citar decenas de ejemplos en este sentido, pero ya he apuntado que se trata de un breve relato.

Años más tarde aparece el término “inclusión” como principio fundamental del enfoque educativo y ello nos obliga, no solo a proporcionar experiencias de aprendizaje y disponibilidad de recursos  para los alumnos, sino a proponer medidas para que todos los alumnos puedan  participar de las experiencias que ofrece el centro educativo. Un ejemplo ilustrativo: Si una madre invita a una fiesta de cumpleaños a todos los niños de la clase  menos a uno por  tener una discapacidad, se trataría de una  discriminación. Si la madre invita a todos mediante una “tarjetita” daría un paso a la integración. Pero si además se pone en contacto con la madre de ese alumno con discapacidad, que nunca asiste a ningún acto social y le manifiesta su predisposición a que el niño esté presente, entonces estaríamos haciendo un acto inclusivo. Se trata en definitiva de la misma experiencia, pero observaréis que los medios propuestos han aumentado para lograr la inclusión. De eso se trata.


La comunidad educativa  debe reflexionar sobre sus experiencias para evitar quedarse unicamente en hacer llegar la  “ tarjetita  de invitación”  e implicarse en la adopción de medidas  inclusivas para que todos podamos disfrutar  en  igualdad , real, del currículo que se proporciona en los centros escolares.

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